Failure

Mi forma de Protesta es perderme en un Volcán, 2019

La obra está compuesta por una serie de documentos: dos noticias de prensa de un extravío, una noticia de la erupción de un volcán, una imagen un formulario y una carta a Werner Herzog que jamás ha leído.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CARTA:

Querido Werner Herzog,

    Me pongo en contacto con usted porque me gustaría compartir una historia que me pasó en el 2011 y que marcó mi vida para siempre. Mi nombre es Marina Planas. Soy una videoartista, fotógrafa y directora de cine que siempre ha admirado su trabajo. Encounters at the End of the World y Wild Blue Yonder, eran mis preferidas. A continuación le envío el relato de unos hechos que me ocurrieron como consecuencia de la idea de hacer un modesto homenaje a sus películas.

    En el 2011 me perdí en un volcán. Pero no en el sentido metafórico, no en el sentido figurado. No. Me perdí en un volcán en el sentido literal. 8 días, sola, me perdí en un volcán. Había decidido hacer un viaje a Chile por mi cuenta. En aquella época trabajaba para la televisión produciendo una cantidad banal de información ruidosa en la que no hallaba silencio. También acababa de pasar por una ruptura amorosa. Buscaba la soledad. Me había ido con una pequeña cámara para realizar un proyecto sin pretensión. En aquellos momentos miraba muchas de sus películas y leía La Sociedad del Espectáculo de Guy Debord. El concepto de deriva me había llamado la atención. Tomar una caminata sin un objetivo específico. Quizás generar una situación. Escaparme de la rutina diaria.


 

    La vida de un hombre es un cúmulo de situaciones fortuitas, y si ninguna de ellas es similar a otra, al menos estas situaciones son, en la inmensa mayoría, tan indiferenciadas y sin brillo que dan perfectamente la impresión de similitud. El corolario de este estado de cosas es que las escasas situaciones destacables conocidas en una vida, retienen y limitan rigurosamente esta vida.

La Sociedad del Espactáculo. Guy Debord.

    Los volcanes siempre me habían llamado la atención. Su carácter enigmático, la cámara magmática, la actividad y la pasividad, los episodios de violencia, de destrucción, los cambios en las corrientes en intensidad, frecuencia y duración. Me encontraba en Osorno y me entusiasmó la idea de hacer una excursión al volcán Puye-hue.

Cuando llegué al refugio el encargado me dijo que podía empezar el primer tramo de la excursión por mi cuenta y que en el siguiente refugio me encontraría con unos chicos eslovenos. Al principio desconfié un poco, pero por algún motivo le hice caso a ese señor y decidí subir. El treck duraba 4 días y llevaba comida extra por si pasaba algo.

En ocho días transcurrieron muchas cosas, jamás encontré a los eslovenos, después de la primera noche decidí hacer cima porque estaba muy cerca, luego daría media vuelta y volvería a base. En la cima intuí que una tormenta se acercaba (al principio no sabía si eran nubes o fumarolas del volcán). Bajé corriendo para no mojarme, estaba más al este de lo que tocaba, al día siguiente corregiría el camino, el objetivo era no mojarme. Llegué al bosque, monté la tienda, empezó a llover. A la mañana siguiente estaba todo nevado. No podía volver por donde había subido. Estaba perdida. El terreno era muy salvaje. Me llevó 7 días más volver al refugio. Grité socorro, grité socorro varias veces. Nunca antes había gritado esa palabra. Resulta extraño cuando te toca hacerlo, casi no te crees que la vas a pronunciar, como si no saliera de tu boca. Me acordé de Leonardo DiCaprio en la película de La Playa, llore, varias veces, casi cada noche. Me puse enferma, vomité, pensé que se me congelaban los pies, tuve un sueño agradable y creía que se acercaba el fin. Me levanté pensando que yo no me moriría sin ser madre (instinto animal, instinto de supervivencia). Tenía miedo de romperme un pie, tenía miedo de coger fiebre, tenía mucho miedo de no salir. Pensaba en comer paella, cada vez que me rendía: paella, paella (instinto animal, instinto de supervivencia). Pensé en Auschwitz, pensé que si habían sobrevivido allí, pues yo también. Pensé en Viven. Hubo un momento en el que me convertí en Mogli, me lancé por una liana y fui Tarzán, quemé su libro de Of Walking on Ice. La verdad es que estaba muy enfadada con usted y prometí que si salía de allí no volvería ver ninguna película suya nunca más. Racionaba la comida, racionaba la ropa. Llovía cada noche. La ropa mojada para el día, la seca para la noche. Al final llegue a un claro, vi el valle, me quedaba sin comida. Decidí dejarlo todo, tienda, saco, mochila. Era un terreno en el que era difícil avanzar. Me arriesgué. Tenía que llegar ese día. Me tiré por una cascada. Llegué al valle. Dormí con unas vacas. Olía a pollo. Al día siguiente encontré el refugio. Estaban a punto de organizar un rescate aéreo.

Me sorprendió mucho la capacidad que tiene el ser humano de adaptarse a las adversidades y a generar recursos de supervivencia en contextos peligrosos.

Desde entonces no viajo sola. Me da miedo.

En aquellos momentos se estaba gestando el 15-M.


 

Tenemos que intentar construir situaciones, es decir, ambientes colectivos, un conjunto de impresiones que determinan la calidad de un momento. Si tomamos el ejemplo simple de una reunión de un grupo de individuos durante un tiempo dado, habrá que estudiar, teniendo en cuenta los conocimientos y los medios materiales de que disponemos, la organización del lugar, la elección de los participantes y la provocación de los acontecimientos que conviene al ambiente deseado.

La Sociedad del Espactáculo. Guy Debord.

Mi forma de protesta es perderme en un volcán, pensé.

Al cabo de dos semanas el volcán entró en erupción. Hacía más de 60 años que no lo hacía. Evacuaron toda la zona.


 

Creo que estoy viva de milagro.


 

La prensa, evidentemente publicó la noticia con muchos errores, pero la historia está documentada.

 

En el 2016 visioné su película Into the Inferno. Necesitaba compartir esta experiencia con usted. Sus películas han ocasionado la historia más impactante de mi vida. Espero que algún día lea estas palabras.

 

Espero, también, que nunca deje de hacer cine.

 

Atentamente,

 

Marina.